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Políticas públicas para un nuevo salto en salud

Entre 1960 y el año 2000, Chile logró erradicar la desnutrición infantil, pasando de una prevalencia de 37% a 2,9%. Esta hazaña, liderada por el doctor Fernando Monckeberg, representó un salto definitivo en la salud de los chilenos: bajó drásticamente las tasas de mortalidad infantil y desarrolló una generación de chilenos con mejores condiciones cognitivas y de salud en general. Un factor clave para el éxito de este programa estuvo en la aplicación de criterios médicos tanto en el diseño como en la implementación de una política pública específica, estableciendo una hoja de ruta clara y sostenida hacia un objetivo concreto.

Los desafíos sanitarios y las crecientes necesidades que plantea una población con mayor esperanza de vida y altas expectativas respecto de los servicios de salud que recibe y su calidad hacen imperioso establecer políticas públicas renovadas que permitan optimizar y fortalecer los procesos de formación de los profesionales de la salud, así como los estándares de calidad que requieren las atenciones, tanto en el sector público como en el privado.

Conscientes del rol que nos cabe como instituciones referentes, las Facultades de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Universidad de Chile estamos trabajando de manera conjunta a través de un convenio de colaboración, para desarrollar propuestas y planes que optimicen los procesos de docencia y aprendizaje, mejorando también con ello la atención de salud que reciben las personas. Esta alianza considera, entre otros aspectos, iniciativas de investigación y desarrollo, el intercambio de los estudiantes de programas de especialidades primarias y derivadas de cada institución en la corporación contraparte. Con ello, ambos planteles reconocemos que la magnitud de las demandas de salud en el país son superiores a las capacidades formativas de las universidades, lo que hace aconsejable desarrollar acciones sinérgicas que permitan entregar respuestas efectivas en un marco de estrecha colaboración.

Además, en el marco de este trabajo conjunto se han definido áreas prioritarias en las cuales ambas facultades pueden aportar su conocimiento y experiencia. En este sentido, la necesidad de establecer modelos de desarrollo para los campos clínicos es urgente. El sistema actual de asignación ha puesto el acento en la distribución de espacios, relegando consideraciones relativas a la eficiencia en las atenciones de salud y la optimización de los recursos. Es así como se han privilegiado esquemas de competencia y traslapes, postergando la generación de vínculos colaborativos de largo plazo entre las entidades educacionales y los servicios de atención de salud. Con ello se afectan la privacidad y la calidad de atención de los pacientes, a la vez que se deja abierto el espacio para el desarrollo de malas prácticas.

Un segundo punto está en la necesaria integración de la formación de pregrado y la especialización en las carreras de la salud. Hasta hoy no existe legislación referida a la asignación de campos clínicos para la formación de posgrado. Esta falencia es disruptiva y se traduce en la pérdida de las sinergias que sería posible lograr en la calidad de la atención.

Un tercer aspecto se centra en la calidad de la atención que están recibiendo los pacientes. Y ello se relaciona también con la estructura de desarrollo de carrera que ofrece el Estado a los profesionales de la salud y que, finalmente, afecta a los pacientes. La ausencia de un modelo de desarrollo de carrera impacta, mostrándose desde la ausencia total de vinculación entre los distintos niveles de la atención, hasta la incorporación de profesionales no acreditados o cuya especialización se ha dado a través de la práctica acumulada y no a través de procesos educativos formales.

En esta línea, un aspecto que merece especial atención es la cantidad de médicos en formación. En los últimos 25 años, el número de escuelas de Medicina en nuestro país ha aumentado 400%. No obstante, no todo este crecimiento está acompañado de una garantía de calidad de los egresados ni tampoco ha permitido suplir la carencia de especialistas, situación que se ve especialmente agravada en regiones. Conscientes de ello, la Facultad de Medicina de la UC y la de la Universidad de Chile están trabajando para aumentar la capacidad de formación en pregrado y generando programas de posgrado que apuntan concretamente a disminuir las brechas de especialistas.

El convenio que hemos suscrito ambas Facultades de Medicina ratifica nuestro compromiso con el desarrollo de políticas públicas que beneficien directamente la salud de la población. Ello implica trabajar para lograr mejores algoritmos de atención, definir estándares de calidad para el ingreso de nuevos actores, establecer parámetros para los procesos formativos y, en definitiva, planificar para lograr un nuevo salto en la salud de los chilenos.

Decano Luis Ibáñez
Facultad de Medicina de la Pontifica Universidad Católica de Chile

Decano Manuel Kukuljan
Facultad de Medicina de la Universidad de Chile

Santiago, 16 de abril de 2018