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Facultad de Medicina

Doctora Caroll Beltrán

Buscan la relación molecular y psicosocial entre los sistemas nervioso e inmune tras el Síndrome de Intestino Irritable

Académica del Departamento de Medicina Interna Norte y adscrita al Servicio de Gastroenterología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, la investigadora está tras la respuesta de este mal altamente prevalente en nuestro país, analizando la interacción bidireccional del eje cerebro intestino desde distintas perspectivas, gracias a su primer proyecto Fondecyt Regular, recientemente adjudicado.

El famoso colon irritable es el representante más prevalente del trastorno funcional digestivo, dice la académica. “Desde el 2016, se le define como un desorden perteneciente al grupo de trastornos digestivos que involucran alteraciones del eje cerebro-intestino, que se manifiestan por malestares y dolores a nivel del tracto gastrointestinal y que están fuertemente relacionadas con un componente sicosocial o nervioso. En este aspecto el Síndrome Intestino Irritable, conocido como colon irritable –aunque abarca todo el intestino-, es uno de los más importantes desde la perspectiva de la prevalencia, pues en Chile estudios preliminares indican que afecta a aproximadamente el 28% de la población, en su mayoría mujeres”.

El problema, añade la doctora Beltrán –doctorada en Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y postdoctorada en Neurogastroenterología del APC Microbiome Institute, Universidad de Cork, Irlanda- , es que la investigación tras este mal es escasa, al punto de que no existen marcadores diagnósticos, siendo identificado en la práctica clínica por exclusión; es decir, cuando ya se ha descartado cualquier disfunción orgánica. “Los pacientes, insatisfechos con esta situación, acuden al médico con los resultados de numerosos exámenes, en su mayoría normales”. El SII se describe a nivel internacional –según el estándar Roma IV- como la presencia de dolor abdominal asociado a la defecación, el cual se presenta al menos una vez a la semana por un mínimo de tres meses consecutivos.

“Es interesante, a mi juicio, porque presenta mecanismos que no están completamente resueltos y que involucran la esfera biosicosocial; es decir, por el componente sicológico y social del individuo, lo que habla de que hay una conexión nerviosa que afecta el sistema biológico de manera importante. Hay datos que muestran que traumas infantiles importantes, incluso desde el nacimiento,  afectan la plasticidad del sistema nervioso y del eje hipotálamo hipófisis suprarrenal, llevando a alteraciones inmunes y nerviosas, que a futuro desencadenen este síndrome de intestino irritable. Quiero ahondar en la comunicación nerviosa e inmunológica, es decir cómo este sistema nervioso alterado desarrolla respuestas en el sistema inmune de manera anómala. Nuestros resultados, a partir de investigaciones paralelas en curso, nos muestran que altos niveles de ansiedad y de depresión están presentes en nuestra población estudiada. Y esta respuesta se correlaciona con una elevada sintomatología clínica y altos niveles de citoquinas como las interleuquinas 6 y 8, las cuales tienen actividad proinflamatoria”.  

Círculo vicioso a nivel molecular

Para explicar su investigación, hay que conocer primero a los mastocitos: son células que se originan de una célula madre de la médula ósea, se diferencian en tejidos y actúan en la mediación de procesos inflamatorios y alérgicos. “Este mastocito, en el SII responde por activación nerviosa, y lo hace degranulándose o secretando ciertas proteasas y mediadores químicos de manera selectiva, no anafiláctica, es decir no como reacción a una alergia”, informa la doctora Beltrán.

Esas proteasas, añade, van a tener una acción amplia dentro de la mucosa intestinal, pero en particular con un receptor de su epitelio que se llama PAR2, al cual va a cortar y activar. Y este PAR2 activado está relacionado con una mayor permeabilidad del epitelio intestinal, o sea este tejido pierde su capacidad de barrera, lo que –en una especie de círculo vicioso- activa más a los mastocitos y otros componentes del sistema inmune adyacentes a ese epitelio. “Es todo un mecanismo inflamatorio que pudiera ser gatillado por una respuesta nerviosa permanente en el intestino”.

Por otra parte, en un proyecto anterior, que constituyó su Fondecyt de Iniciación, la investigadora descubrió que los pacientes con SII tienen un grado de inflamación intestinal no grave –como podría ser en el caso de individuos con enfermedad de Crohn o con colitis ulcerosa- y, además, que tienen alta expresión en una proteína que se llama Bcl3 en el epitelio intestinal, que puede estar frenando la respuesta inmune, lo que explicaría que la respuesta inflamatoria en cuadros de colon irritable no fuera excesiva. En este nuevo estudio, la académica espera describir el rol de Bcl3 como parte de un complejo proteico con NFkB, en el control de ciertas transcripciones de ADN, como es en el caso de citoquinas inflamatorias y proteínas que participan en la unión estrecha –o tight junction- epitelial. “Creo que Bcl3 afecta la transcripción de genes que están relacionados con la estabilidad de la unión estrecha del epitelio intestinal, lo que sucede cuando frena la expresión de genes blancos del NFkB”.

Por ello, sentencia, en lo molecular “pretendo dilucidar si PAR2 afecta la expresión de Bcl3, describiendo las vías de señalización que llevan al aumento y activación de Bcl3, así como sus consecuencias sobre la unión estrecha de las células epiteliales”.

El poder de la intervención sicosocial

Paralelamente, dice la doctora Beltrán, a las muestras biológicas obtenidas durante su proyecto anterior sumarán las que obtengan de nuevos pacientes con SII, a quienes además aplicarán una batería de encuestas y entrevistas psicológicas para determinar factores psicosociales vinculados a este desorden. “No puedo analizar un mecanismo aislado si no reviso además como cursan los otros factores alrededor de este procesamiento central. Es decir, determinaremos aspectos psicosociales y aspectos inflamatorios generales del individuo, pues todo está dentro de lo mismo: cómo el estrés psicosocial afecta el estado fisiológico del intestino, induciendo a cambios en la microbiota, la integridad de la barrera intestinal y el estado de la activación inmune, principalmente mastocitos. A su vez, la respuesta inflamatoria intestinal y los cambios de la microbiota afectan de manera inversa al sistema nervioso entérico y sistema nervioso central, siendo un ejemplo de esto la presencia de PAR2 en las neuronas sensoriales intestinales. En resumen, hay una comunicación bidireccional entre el sistema inmune y el sistema nervioso”.

Respecto de este proceso, finaliza, han obtenido promisorios resultados gracias a una reciente intervención psicosocial realizada sobre un pequeño número de pacientes con síndrome de intestino irritable: “les hicimos ocho sesiones de manejo del estrés a través de Mindfullness, que es un programa de educación que se basa en la meditación budista, cambiando el enfrentamiento del estrés hacia la atención plena en el momento presente y que ya es muy conocida y aprobada. Evaluamos su comportamiento sicológico y clínico y vimos que después de estas sesiones disminuyeron la severidad de los síntomas y mejoraron sus niveles de ansiedad y de depresión, además del enfrentamiento, percepción y manejo del estrés. Y, a nivel molecular, estamos analizando lo sucedido con sus niveles de interleuquina 6, efectos que publicaremos pronto”.

    

 

 

 

Cecilia Valenzuela León/ Fotografías: David Garrido

Miércoles 24 de enero de 2018

Doctora Caroll Beltrán

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