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Facultad de Medicina

Metas desde una mirada institucional

Calidad y articulación, en el objetivo de las direcciones Académica y de la Escuela de Postgrado

Los doctores Luis Michea y Karin Kleinsteuber encabezarán sus nuevos desafíos durante la gestión del segundo decanato del doctor Manuel Kukuljan, continuando la labor realizada por los doctores Eduardo Tobar y María Elena Santolaya, respectivamente, y apuntando hacia dos de las metas propuestas para este período, como son la articulación entre el pre y el postgrado y el aseguramiento continuo de la calidad en la formación que ofrecemos como plantel. Aquí presentan sus definiciones 2018-2022.

El doctor Luis Michea parte señalando que continuará con la gestión realizada del doctor Eduardo Tobar, “pues habíamos avanzado bastante en cuanto a contar con sistemas de información que permiten dimensionar las labores del cuerpo académico, cómo está su evaluación académica y, además, qué tipo de contribuciones hacen en sus distintas labores universitarias como son la docencia, la investigación y la extensión”.

Sin embargo, explica que aunque se mantiene la preocupación en cuanto a velar por el progreso de los académicos en sus distintos ámbitos, “se agrega el desafío de un sistema más integrado de la gestión, la evolución curricular que van teniendo nuestras carreras profesionales y la articulación del pregrado con el postgrado”.

Por ello, el doctor Michea agrega que “una de las cosas que estamos proponiendo es la formación de una unidad de aseguramiento de la calidad, pues aunque ya existen iniciativas en ese sentido -por ejemplo la profesora Verónica Aliaga ha sido muy exitosa en acompañar y liderar los procesos de acreditación de las carreras-; sin embargo, en una segunda fase quisiéramos tener un sistema de mejoramiento continuo de la calidad que no esté necesariamente vinculado a los procesos de acreditación, cualquiera sean los que tengamos en el futuro. La idea es que tomando en parte los insumos generados por las acreditaciones transitemos hacia la mejora continua”.

En ese mismo sentido, explica que “quisiéramos asegurar la calidad mediante la definición de nuestros propios estándares en cuanto a funciones y labores específicas, con indicadores determinados, que nos permitan tener alguna evaluación más cuantitativa de cómo van los procesos de enseñanza aprendizaje en nuestra institución, qué resultados tienen las innovaciones curriculares, cómo se van realizando los ajustes de malla, cuál es la trazabilidad de los procesos no solamente a grandes rasgos -o sea, no sólo cómo cambia un programa para una determinada carrera, sino que individualmente también. Por ejemplo cómo va progresando un estudiante en particular en las distintas etapas de los programas de formación en las que se adquieren las competencias específicas”.

¿Cómo se establecen esos parámetros?

Gran parte de ese trabajo ya se ha hecho, tenemos una cultura local de autoevaluación y monitorización; tenemos en distintos ámbitos ejemplos muy exitosos de estandarización no sólo de los procesos formativos, sino también de evaluación y seguimiento. Eso se va a recoger; asimismo, se va a invitar a los distintos actores que han participado y están interesados en contribuir.

“Pero también vamos a definir nuevos indicadores, porque tenemos algunas tareas que son necesarias. Es el caso de que queremos movernos hacia una formación interprofesional; eso, que hasta ahora no se ha desarrollado con la suficiente intensidad, tendremos que definir cómo se va a instalar en las mallas, en qué actividades, y habrá que estudiar su resultado para lograr un proceso adecuado y mejora continua. A medida que nos van apareciendo nuevos desafíos, tenemos que ir buscando formas de evaluar, de generar fundamentación, y tener conocimiento de cómo resultan los distintos procesos. La formación interprofesional es uno de esos retos; hay que fomentarla, para que nuestros profesionales sean desde sus bases capaces de trabajar adecuada y armoniosamente en equipo. Se está generando nuevo conocimiento y nosotros podremos contribuir también, pues si vamos a avanzar hacia allá, podremos comparar el antes y el después, ver qué es lo que funciona y cómo lo hace. Es un objetivo muy interesante y bonito”.    

En cuanto a la priorización de estos objetivos, el nuevo director académico puntualiza que “unas tareas son las urgentes, que hay que atender a la brevedad. También hay otras que importantes, y en cuanto a ellas creo que una de las señales que tenemos son aquellas que nos han dejado los procesos previos de acreditación, pues ahí sí se identifican zonas donde hay oportunidad para mejorar. Pero además debemos fomentar la interacción entre los encargados de las mallas y cursos en el pregrado con el postgrado, pues también se identifican zonas que necesitan mejora y podrían ser sujeto de innovación. Entonces debemos convocar a los expertos que están pensando habitualmente esto en la facultad e incorporarlos, lo que incluso puede ser de ayuda en sus respectivos ámbitos propios. Así que tenemos como misión articular esas iniciativas, acompañarlas, lograr que terminen en procesos exitosos”.

¿Esa articulación ya se estaba dando?

Sí y se va a fomentar porque estamos reorganizando estas funciones. Por ejemplo, junto con la creación de la unidad de aseguramiento de la calidad, la Dirección de Pregrado tomaría labores operativas en cuanto al desarrollo de las mallas curriculares, lo que liberará tiempo en los académicos de los departamentos correspondientes para poder contribuir a esto, para pensar e identificar los problemas. Por otro lado, a trabajo de la Dirección Académica se irán incorporando personas que están interesados, tienen las competencias y tienen algo que decir en cuanto a hacia dónde va la educación de las carreras de la salud en Chile y el mundo. Van a estar el Departamento de Educación en Ciencias de la Salud, profesores de distintas unidades; convocaremos a los alumnos, por ejemplo, a través del Programa de Ayudantes Docentes. Somos las mismas personas, pero que nos organizamos de una manera un poco diferente, donde separamos las funciones, asignamos responsabilidades primarias y nos comunicamos para tener un mejor impacto.

¿Cómo se apoyará el crecimiento en la jerarquía académica?

Todas estas innovaciones, este bullir en el campo de la formación, de la revisión de los currículos, de asegurar la calidad, tiene que ser armonizado con las posibilidades de nuestro cuerpo académico de avanzar en la carrera académica, hacia un proceso de evaluación que sea justo, adecuado. Una primera cosa es que nos interesa es que la evaluación sea armoniosa y contribuya con el proceso de calificación, no puede ser que sean cosas tan disociadas como nos aparecen ahora. Un segundo aspecto es que a partir del trabajo de las comisiones creadas para ello tenemos que definir y fundamentar por qué consideramos que tenemos ciertas especificidades que son importantes de reconocer y que son muy difíciles de entender para un académico que no esté en el contexto de una carrera de la salud. Parte de la labor de esas comisiones es lograr trasmitir esa idea y dejar muy claro que en relación a universidades prestigiosas del mundo no estamos pidiendo nada desajustado y que, obviamente, esto va a contribuir a la docencia, investigación y extensión para la Facultad de Medicina y para el país.

“Pero ese trabajo tiene que salir de aquí. Una vez que estas comisiones den sus frutos, bueno, habrá que hacer un trabajo político de llevar esto a las autoridades centrales y una labor interna para ver cómo esos lineamientos se asocien con el quehacer formativo, investigación y los requerimientos de los estudiantes, que esperan que garanticemos nuestros estándares de formación, que haya congruencia entre lo que declaramos que son los perfiles de egreso y cómo y qué enseñamos, y que eso se traduzca en mejor empleabilidad, en posibilidades de ampliar los horizontes profesionales, en el intercambio en el pregrado y en articular estas metas con el postgrado, todo lo cual está relacionado con los progresos en la carrera académica”.

El nuevo escenario de la Escuela de Postgrado

La doctora Karin Kleinsteuber sentencia que la Escuela de Postgrado ha trabajado intensamente en la última década, concretando importantes avances, entre los que destaca la formulación de Políticas de Postgrado, dadas a conocer en mayo de 2017. Asimismo, la implementación de algunas definiciones, “orientadas a cautelar la calidad de nuestros programas de formación ha permitido establecer consensos respecto del funcionamiento de éstos. Por ejemplo, que quienes dirigen programas de formación sean académicos de la Facultad de Medicina que estén en las categorías de profesor asistente o superior y que, al menos, el 60% del cuerpo docente correspondiente pertenezca a nuestra institución, va precisamente en el sentido de contar con programas que sean viables, perdurables en el tiempo y acreditables desde su génesis”.

Ya en términos de los objetivos prioritarios de su gestión, destaca el asegurar que la oferta académica de postgrado sea coherente con las necesidades del país tanto en Programas de Formación de Especialistas, Grados Académicos y en Educación Continua, “manteniendo un trabajo coordinado con los departamentos, que considere compromisos prioritarios, aseguramiento de la calidad e incorporación de los procesos de autoevaluación como parte esencial y continua de nuestra labor formativa”.

En ese sentido, releva el aseguramiento de la calidad más allá de los procesos de acreditación, “promoviendo que toda la oferta académica de Postgrado responda a estos criterios, independiente de las instancias o instituciones que sean encargadas de acreditar la formación e incluyendo a las distintas alternativas de educación continua que no tienen aun una modalidad establecida de acreditación externa, por lo que deberíamos trabajar en definiciones en ese sentido desde nuestra propia institución”. Y, por último, cree que se debe apoyar la creación de nuevos programas de formación que respondan a las necesidades de nuestro país, “no sólo en lo que a especialidades médicas se refiere, sino en especialidades que surjan ligadas a otras profesiones de la salud, en particular en temas sensibles como podría ser el envejecimiento de nuestra población”.  

En la misma línea y respecto al proceso de acreditación de los programas de formación de especialistas y de grados académicos, que la doctora Kleinsteuber encabezó en términos de su cargo como Coordinadora de Acreditación de Programas de Títulos de Especialistas, explica que este ha sido “un proceso laborioso y fructífero en el cual hemos logrado incrementar el número de programas de especialidades y subespecialidades acreditados, y actualizar nuestros procesos de autoevaluación a la luz de la Ley 20.129 de Aseguramiento de la Calidad de la Educación y de los Criterios de Acreditación para Especialidades Médicas del año 2014. Y en cuanto a los números, tenemos 27 programas acreditados a fines del 2017 y otros seis programas en proceso avanzado de acreditación con contratos firmados con agencia acreditadora APICE, esto antes de la promulgación de la nueva Ley de Educación Superior”.

Sin embargo, declara que estos avances “son claramente insuficientes y no responden a nuestras expectativas iniciales. Ha implicado adaptarse a ritmos de trabajo disímiles entre los distintos programas de formación de especialistas y en ocasiones resolver problemas evidenciados durante los procesos de autoevaluación que exigían una intervención previa. Además, se ha requerido de esfuerzos importantes en los programas que involucran a distintos centros formadores, dirigidos a consensuar y consolidar programas genuinamente únicos que permitan optimizar fortalezas y minimizar las debilidades que pudieran manifestarse cuando los centros trabajan por separado. Hemos asumido estos procesos como oportunidades para mejorar, aprovechándolos para hacer análisis rigurosos y algunas modificaciones necesarias por desarrollo disciplinar o de la educación médica, desde la formulación de competencias, implementación de instrumentos de evaluación para los estudiantes y de autoevaluación para los docentes. Todo esto se ha traducido en aprendizajes muy valiosos tanto para el equipo de acreditación, como para los comités académicos y ha enriquecido significativamente los programas pero, a la vez, ha involucrado un gran trabajo y tiempo adicional”.

En ese sentido, explica que en la actualidad y tras la publicación de la Ley General de Educación Superior Nº 21.091 el pasado 29 de mayo, “nos enfrentamos a que se modifican nuevamente los procesos de acreditación de las especialidades y subespecialidades médicas, pasando estos a ser atribución exclusiva de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) sin mediar agencias acreditadoras. Ello modifica radical e inesperadamente el proceso, por cuanto en la resolución N° 116 de la propia CNA del 21 de enero 2016, la misma comisión había aprobado el funcionamiento de la Agencia Acreditadora APICE por siete años a contar de enero del 2016. Sobre la base de esto planificamos los procesos de autoevaluación y acreditación con un plan definido, siguiendo el procedimiento establecido para ello”.

Por eso, este cambio que afecta a todos los programas de formación de especialidades médicas de las distintas universidades chilenas, dice la doctora Kleinsteuber “ha generado acciones concretas por nuestra parte, como fue solicitar a los directivos de la CNA información de los aspectos que no fueron precisados en la nueva Ley de Educación Superior, como es la transición de los procesos desde las agencias a esta nuevo sistema. En esa reunión, junto a la doctora María Elena Santolaya, hicimos notar ante la CNA las características particulares de la evaluación de la docencia en especialidades médicas en base a la valoración de las competencias docentes junto a pacientes, las cuales no son evaluadas mediante mediciones de productividad científica, como son las publicaciones, por ejemplo”. También, añade, se hizo consulta a la Contraloría General de la República respecto de esta transición y se comunicaron estos cambios a todos los profesores encargados de programa y al futuro escenario aún incierto en términos de los procedimientos que establecerá la CNA para recibir los antecedentes. “Pero independiente de la entidad que lidere la acreditación de especialistas, nuestra posición como Escuela de Postgrado es continuar con los procesos de autoevaluación y mejora continua de nuestros programas en base a los criterios de acreditación para especialidades médicas aún vigentes y desde luego dándole pensamiento a las mejores maneras de evaluar lo que hacemos.

Y es que, agrega, las políticas de Postgrado, tras un largo proceso de análisis que involucró múltiples actores -entre ellos la Unidad de Aseguramiento de la Calidad, la Comisión Coordinadora de la Escuela de Postgrado y su Consejo de Postgrado-, están establecidas y ratificadas. “Lo que resta, y es parte de una tarea continua, es su implementación, lo que implica la evaluación de los programas vigentes y en proceso de creación, a fin de verificar que, como mencioné antes, sean de calidad, sustentables y acreditables, que no respondan a iniciativas individuales sino coherentes y armónicas con las responsabilidades formativas de los departamentos y con las necesidades de formación que nos plantea el país”.

¿Cómo ve lo que será la articulación con el pregrado?

Existe posibilidad y disponibilidad de una amplia gama de cursos que pudieran resultar de interés para los estudiantes de pregrado y permitirles explorar áreas temáticas u orientarse hacia líneas de investigación y/o trabajo. "Se requiere por tanto revisar mallas curriculares de pregrado, analizar oferta académica de postgrado y evaluar las distintas alternativas y modalidades de integración. En esto y otros tema, vamos a trabajar también con la Dra. Santolaya, dado que ella ha aceptado continuar trabajando con nosotros y desde el Consejo de la Escuela de Postgrado. Esta es una manera de preservar la experiencia que adquiere un académico en un cargo directivo de esta naturaleza en beneficio de la institución."

 

Cecilia Valenzuela León/ Fotografías: David Garrido

Miércoles 1 de agosto de 2018

Doctores Luis Michea y Karin Kleinsteuber

Doctores Luis Michea y Karin Kleinsteuber

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