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Facultad de Medicina

En el Centro de Alergias del nuevo Hospital Exequiel González Cortés

Por primera vez en un hospital pediátrico público realizan test de anafilaxia inducida por ejercicio

Se trata de un examen que busca dilucidar cuándo la reacción alérgica a un alimento puede ser desencadenada por el ejercicio físico.

Así lo explica el doctor Jorge Rojas, académico del Departamento de Pediatría Sur de la Facultad de Medicina e inmunólogo pediátrico del centro de alergias del recinto asistencial, dando a conocer que esta unidad –integrada junto a los doctores Intty Leiva y Arnoldo Quezada, también académicos de nuestro plantel- se formó luego del traslado del hospital a sus nuevas dependencias, a fines de 2017. “Tenemos todas las prestaciones necesarias disponibles para el diagnóstico de la variedad completa de enfermedades alérgicas y, entre ellas, instauramos el test de provocaciones para anafilaxia inducida por ejercicio dependiente de alimentos”.

¿De qué se trata esta patología? Es la reacción alérgica a un alimento, pero que si no se combina su ingesta con ejercicio posterior, no presenta síntomas. “Es decir, si se come el producto, pero no se hace ejercicio, no pasa nada. Si se hace ejercicio sin haber comido ese alimento, tampoco. Pero si se come ese producto y después se hace ejercicio, se presenta una reacción alérgica que puede ser desde leve a grave, como es la anafilaxia, que es sistémica y debe ser tratada con urgencia, porque es potencialmente fatal”, informa el doctor Rojas.

A ello, añade que no existen estudios de prevalencia en nuestro país, dado lo difícil de su detección –debido a que no siempre los pacientes asocian su malestar a la ingesta de alimento con el ejercicio, por lo que les cuesta llegar a un diagnóstico; asimismo, a causa de la poca disponibilidad de horas de especialistas inmunólogos de adultos o pediátricos, ya sea en recintos públicos o privados-, pero que estudios internacionales señalan que afecta más a adultos y a población de origen asiático. Además, entre los alimentos de mayor potencial alérgico inducido con ejercicio están en primer lugar la harina de trigo, seguida de los frutos secos y los mariscos, lo cual puede verse exacerbado si es que el paciente tiene paralelamente una infección, consume antiácidos, antiinflamatorios o alcohol de manera concomitante. De los niños que presentan esta condición, sólo un porcentaje menor la conserva hasta la adultez, pero es una situación que varía de caso en caso: “Los que presentan esta alergia desde pequeños, en general al crecer toleran bien el alimento. Los que la desarrollan más tardíamente y permanecen con alergia hasta la adolescencia, tienen menor probabilidad de generar tolerancia”, aclara el doctor Rojas.

Los síntomas son los mismos de cualquier reacción alérgica: a nivel cutáneo, ronchas en la piel, angioedema o aumento de volumen, especialmente en párpados y lengua. Pero también compromiso gastrointestinal, desde dolor abdominal hasta diarrea; en el sistema cardiovascular, hipotensión, sentir que se van a desmayar, fatiga. Y en el sistema respiratorio, dificultad para respirar y silbido de pecho. “Cuando hay compromiso de dos o más sistemas hablamos de anafilaxia o reacción más severa”.

O comer o ejercitar

El test de provocación para anafilaxia inducida por ejercicio dependiente de alimentos es aplicado desde el 20 de agosto de 2018 en el nuevo centro de alergias del Hospital Exequiel González Cortés, y el primer paciente fue un niño que presentaba reacciones a varios alimentos, pero no todas ellas inducidas por la actividad física. “Por lo mismo, no sabíamos cuál era la que provocaba que tuviera un cuadro alérgico cada vez que le tocaban clases de gimnasia a primera hora de la jornada”, explica el académico.

Por ello, lo primero fue realizar distintos exámenes –cutáneo, de sangre o moleculares- para detectar la sensibilidad a variados alérgenos. “Y lo que pasó es que este niño hizo reacciones a muchos alimentos, entonces no estábamos seguros de cuál era la que se inducía por el ejercicio; y esto ya estaba mermando mucho su calidad de vida, no sabíamos qué comidas tenía que excluir para e evitar la anafilaxia”.

De esta forma, adoptaron protocolos internacionales para el diagnóstico de este subtipo de alergias, para lo que cuentan con el apoyo de la nueva sección de medicina física del hospital, que tiene distintos equipos tales como trotadora, ergómetros y otros, indispensables para la realización de este test mediante ejercicios aeróbicos y anaeróbicos. “La primera parte de este examen es la de provocación al alimento, que en este caso sospechábamos que podía ser la harina de trigo. Por eso, se le da al niño pan alto en gluten y en cantidad suficiente como para causar una reacción, la cual puede o no ser potenciada mediante el uso previo de una dosis de aspirina, que se determina paciente a paciente. Después de eso se espera un período de tiempo y, en ese intervalo, se observa si se presentan manifestaciones cutáneas y se pesquisan posibles signos y síntomas pulmonares, de presión arterial y de frecuencia cardiaca. Si no pasa nada, completamos la dosis de alimento que hemos calculado, volvemos a chequear y después se hace un protocolo de ejercicio que va aumentando en intensidad y en capacidad, con rutinas tanto aeróbicas como anaeróbicas. Cada cierto tiempo se vuelve a repetir la misma observación y, si no tiene ninguna reacción continúa el protocolo. Luego de terminar, sigue en observación durante una hora y, si ya no presenta ninguna reacción, quiere decir que tolera el alimento junto al ejercicio”.

De esta forma, determinaron que su pequeño paciente sí presentó reacciones alérgicas al pan, pero no al estar en reposo luego de comerlo, sino al someterlo a la rutina de ejercicios. “Por eso es que tenía problemas en clases de educación física, cuando eran a primera hora de la mañana: justo después del desayuno”, explica el doctor Rojas.

¿Cómo se determina durante cuánto tiempo posterior a consumir el alimento que provoca la reacción no se puede hacer ejercicio?

Es relativo, depende de paciente a paciente. En una persona podría ser que haga ejercicio de alto rendimiento, como jugar un partido de rugby, pero en un paciente adulto mayor hasta subir una escalera podría desencadenar una alergia. Eso se ve al estudiar las reacciones que ha tenido. Pero en general se le dice que no haga ejercicio las primeras tres a cinco horas si es que va a comer ese alimento. Algunos autores sugieren un tiempo mayor que después se puede ir reduciendo para ir viendo la tolerancia que tendría. Pero la mejor forma de evitar el problema es no consumir el alimento si se sabe que va a hacer ejercicio, que ese día coma otra cosa.

En ese sentido, el académico finaliza diciendo que “en niños queremos que dejen de comer las menos cosas que sea posible. Eso es un problema, porque solamente con la sospecha de alergia muchas veces llegan derivados con dietas muy restrictivas, por lo que disminuyen sus síntomas pero vienen mal alimentados o con falta de nutrientes específicos, como proteínas o vitaminas, pero también con problemas en su calidad de vida, porque sufren bullying o acoso escolar por sus compañeros debido a todas esas restricciones. Por eso es tan importante determinar qué alimento en específico es el que provoca alergia, porque puede comer más cosas y mejorar la calidad de vida tanto del niño como de su familia, lo cual es válido en todas las alergias alimentarias, sean o no inducidas por la actividad física”.

Cecilia Valenzuela León/ Fotografías: David Garrido

Viernes 7 de septiembre de 2018

El Centro de Alergias del Hospital Exequiel González Cortés ofrece todas las prestaciones necesarias para estas patologías.

El Centro de Alergias del Hospital Exequiel González Cortés ofrece todas las prestaciones necesarias para estas patologías.

El doctor Jorge Rojas

El doctor Jorge Rojas

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