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Facultad de Medicina

Proyecto Fondecyt Regular 2019

Tras nuevas vías predictoras de trasmisión congénita de la Enfermedad de Chagas

La placenta ha demostrado ser una eficiente barrera al momento de prevenir la trasmisión vertical por el parásito Trypanosoma Cruzi, es decir, el contagio por de la madre al feto por nacer. Las tasas de esta transmisión son menores al 1% a nivel nacional y alrededor de un 5% en zonas endémicas, pero aún son significativas en otras regiones del continente. Comprender los mecanismos de defensa placentarios frente a esta infección puede llevar a encontrar marcadores precoces de diagnóstico y pronóstico, de modo de tratar al niño tempranamente y con altas probabilidades de éxito.

Así lo informa la doctora Ulrike Kemmerling, directora del Programa de Biología del Desarrollo del Instituto de Ciencias Biomédicas y de este proyecto, recientemente ganador del concurso Fondecyt Regular 2019.

Esta variante de su línea de investigación apunta a identificar cómo funcionan los mecanismos de defensa de la placenta frente a agresores que vienen directamente desde el torrente sanguíneo de la madre. “En la placenta humana, la parte del tejido de origen fetal que está en contacto con la sangre materna es el trofoblasto, grupo de células que forma parte de la barrera placentaria y que es fundamental para el intercambio metabólico del embrión/feto en desarrollo. El trofoblasto también es un epitelio de revestimiento; es decir, un tipo de tejido que recubre superficies internas del cuerpo. Para poder atravesar la barrera placentaria e infectar al feto, el parásito que circula por la sangre materna se debe adherir a este epitelio. Pero el trofoblasto, como cualquier otro epitelio, sufre un proceso de recambio celular: tiene una capa de células que están proliferando, que después se diferencian, forman la capa superficial y luego parte de ellas se descama hacia el torrente sanguíneo materno para ser degradadas a nivel pulmonar. Junto con ellas, también son degradados los parásitos adheridos a las zonas de descamación”, explica la académica.

En un proyecto Fondecyt Regular anterior “pudimos ver en modelos de explante de tejido placentario y de una línea celular previa, que T. cruzi induce en el trofoblasto todos los fenómenos celulares asociados al recambio epitelial, como son la proliferación y diferenciación células, así como muerte tipo apoptosis. Es un mecanismo de la placenta para defenderse ante los factores de virulencia del parásito que tienden a romper ese epitelio, pero lo que hace este es responder aumentando su tasa de proliferación, de diferenciación y de muerte celular, para tratar de mantener la barrera intacta”.

Pero, ¿cómo es que se activa este proceso? En la actual investigación, añade la doctora Kemmerling, “estamos enfocados particularmente en cómo se regula el aumento en la proliferación celular y diferenciación celular en respuesta al parásito. Porque para ello estas células cambian su expresión génica, cambia el conjunto de proteínas que hacen que una célula deje de proliferar y que ahora forme parte de la capa superior protectora. Hay muchos factores que regulan la expresión génica en las células, y nosotros nos centraremos en el rol de los RNAs pequeños no codificantes como son los micro RNAs”.

Mayor o menor probabilidad de trasmisión

Según explica, estos pequeños RNAs reguladores de la expresión génica funcionan uniéndose a los RNAs mensajeros antes de que pueda ser traducidos, degradándolos o impidiendo que comience la traducción, de modo que no se produzca la proteína. “En el cromosoma 19 hay un cluster de micro RNA que es específico para los órganos reproductivos, que son casi exclusivamente de la placenta y por ende sólo se expresados allí. Y dentro de ese conjunto de micro RNAs hay algunos descritos como reguladores del recambio epitelial del trofoblasto, particularmente de la diferenciación celular; seleccionamos tres micro RNAs placenta específicos, que se han descrito en patologías placentarias o en presencia de infecciones y que, según nuestros resultados preliminares, son modulados por el parásito”. Además, “sabemos que para estudiar diferenciación celular en el trofoblasto hay marcadores muy estudiados y validados, como son la secreción de la hormona coriónica humana o hCG que es sintetizada en el embarazo por la capa celular superficial, es decir diferenciada, del trofoblasto”.

El objetivo de conocer qué micro RNAs cambian su expresión en respuesta al parásito, y cómo ese aumento o disminución influya la regulación del recambio epitelial del trofoblasto, puede estar relacionado con la probabilidad de trasmisión congénita de T. cruzi. “Porque si identificamos micro RNAs que cambien su expresión en respuesta al parásito y, al mismo tiempo, modulan el recambio epitelial, haciendo que la placenta sea una barrera más eficiente frente a la infección, se pueden establecer estos micro RNAs como marcadores de pronóstico para predecir la probabilidad de trasmisión y, con ello, poner especial énfasis en el diagnóstico temprano para tratar al niño lo antes posible”.

Y es que el tratamiento actual contra la enfermedad de Chagas se basa en un medicamento denominado benznidazol, “de poca eficacia en adultos, pero mucha en recién nacidos o niños muy pequeños, porque en ellos la infección va a estar en fase aguda, con el parásito circulando, no alojado dentro de las células como ocurre en la fase crónica, que es en la que suelen estar los adultos. En las guaguas la terapia puede ser muy exitosa, eliminando la infección. Por eso es importante el diagnóstico precoz”, finaliza la investigadora.

 

Cecilia Valenzuela León/ Fotografías: David Garrido

Viernes 5 de abril de 2019

Doctora Ulrike Kemmerling

Doctora Ulrike Kemmerling

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