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Los nuevos becados Valentina de Gregorio, Alejandra Troncoso y el doctor Félix Urra.

Además, un investigador joven del Instituto de Ciencias Biomédicas

Dos estudiantes de la Facultad de Medicina reciben Beca Santander

Las beneficiarias son Valentina de Gregorio Torres, de la carrera de Terapia Ocupacional, quien estudiará en la Universidad Autónoma de Barcelona, y Alejandra Troncoso, de la carrera de Obstetricia y Puericultura, quien asistirá a la Universidad de Sao Paulo. Por su parte, el doctor Félix Urra materializará sus investigaciones en la Universidad de Antioquía, en Colombia.

Ricardo Banda

Realizado en Alemania:

Terapia ocupacional destaca en congreso de cirugía y terapia de mano

Ricardo Banda, profesor de esta unidad académica fue invitado al XIV Congreso de la Federación Internacional de Cirugía de Mano y XI Congreso de la Federación Internacional de Terapia de Mano. Ambos encuentros se llevaron a cabo en Alemania, entre el 17 y 21 de junio en el centro de convenciones CITY CUBE de Berlín.

Karen Basfi-fer, académica del Dpto. de Nutrición y directora de la Escuela de Nutrición

Sobre la alimentación saludable: lo que la evidencia indica

El día 27 de junio recién pasado, el diario electrónico El Mostrador publicó una columna de opinión en la que se hace referencia a la formación que entrega la Escuela de Nutrición de la de Facultad de Medicina. A continuación presentamos una columna en la que la directora de dicha unidad académica, profesora Karen Basfi-fer, expone sobre el particular.

Estudio financiado por el Tercer Concurso Proyectos de Investigación en Salud de nuestro plantel

Describiendo el impacto del síndrome post UCI

El grupo de investigadores, liderado por la enfermera Verónica Rojas, del Departamento de Medicina Interna del HCUCH, está compuesto por los doctores Julia Guerrero, Eduardo Tobar y Soledad Contreras, de la misma unidad, además de los doctores Antonello Penna, del Centro de Investigación Clínica Avanzada (CICA) y del Departamento de Anestesiología y Medicina Perioperatoria; Álvaro Tala, del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Norte, y la profesora Evelyn Álvarez, del Departamento de Terapia Ocupacional.

“La hospitalización en la unidad de cuidados intensivos tiene un impacto en distintos aspectos de la vida de quienes han estado allí, en dimensiones de salud física y mental, pero también en el retorno a lo laboral y lo social, por lo cual la capacidad funcional puede disminuir, o aparecer alguna alteración  cognitiva, así como eventos vinculados a depresión”, dice la enfermera Rojas.

Ese impacto, clave en la definición dada a conocer el 2012, “alienta a que las distintas unidades de este tipo comiencen a hacer una búsqueda activa de este síndrome, para saber si los pacientes tienen un deterioro físico, cognitivo o en su bienestar mental derivado de su paso por la UCI, entendiendo que la salud tiene una dimensión integral y no solamente referida a aquel problema por el cual se trataron”, añade.

Esta situación, informa, se debe a razones multifactoriales, tales como la gravedad de la enfermedad; haber tenido diagnóstico de  sepsis, distress respiratorio, delirium, así como la inmovilidad durante la hospitalización, sobresedación y el hecho que las familias o personas significativas para los pacientes no están siendo incorporadas de manera precoz al proceso de recuperación y rehabilitación.

La doctora Julia Guerrero añade que “la terapia intensiva ha ido progresando en la medida que avanza el conocimiento tecnológico al servicio de la salud. En los años ‘80 las personas morían por alguna enfermedad grave por la cual llegaban a la UCI; a finales de los ‘90 lo hacían por la falla de varios sistemas de órganos enfermos. En los 2000 mueren pocos pacientes, pero tenemos un grupo nuevo que se va para la casa con enfermedades que antes de ingresar no tenían, y la literatura científica dice que la mitad de ellos va a fallecer. Puede que estos sean problemas nuevos, como alteraciones en el ámbito de la salud mental por la vivencia que representa el haber estado así de grave, o deterioros cognitivos que impactan en la independencia y funcionalidad; pero también podría ser que se hagan evidentes otras disfunciones, como por ejemplo una insuficiencia renal leve que pasa a ser moderada. El estar en las unidades de terapias intensivas también trae un debilitamiento de la fuerza muscular, por lo que se retrasa la  reinserción laboral y social, desencadenándose una serie de eventos que antes no se conocían”.

Primer policlínico de seguimiento post UCI en Chile

Con el interés, entonces, de generar la evidencia local que sustente la creación de una nueva clínica de seguimiento de pacientes posterior a la UCI, es que estos investigadores se reunieron para generar un proyecto piloto en el que reclutarán a 40 pacientes adultos y sus familias, a las cuales durante la hospitalización de su pariente informarán y educarán respecto del síndrome post UCI, así como los invitarán a participar de esta iniciativa, según la cual establecerán un protocolo de seguimiento multidisciplinario de los pacientes, mediante controles a los tres y los seis meses desde su alta médica.

“Vamos a seleccionar a pacientes de la UCI  que tengan algunos factores de riesgo, como por ejemplo que hayan cursado delirium, tengan ventilación mecánica por más de 48 horas, que el motivo de ingreso sea un distress respiratorio o una sepsis, entre otras causas. Como somos un grupo multiprofesional, los evaluaremos de manera integral, en aspectos físicos, cognitivos, mentales y funcionales”, explica la enfermera Rojas.

De esta forma, aclara, “montaremos el primer policlínico de seguimiento post UCI formal en Chile. Esto nos permitirá recopilar datos y de visibilizar la problemática, hasta ahora reportada por algunos países del mundo, pero que no es algo que se hace de manera sistemática ni obligatoriamente”.

Este avance, señalan las profesionales, contribuirá no sólo a los pacientes y sus familias, sino que también a la formación de pre y postgrado que se imparte en la Facultad de Medicina. “Hemos quedado muy satisfechos con nuestras tasas de mortalidad del paciente crítico, que desde el 2017 bordean del 10% al 12%. Pero lo que no sabemos es qué pasa con el casi 90% que se va para la casa. Esta iniciativa va a permitir que gente de distintas disciplinas, como medicina interna, psiquiatría, terapia ocupacional, enfermería o kinesiología abran su campo de acción; de hecho, en el mediano plazo queremos trabajar con la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas en el área de la conciliación y educación respecto de los fármacos que los pacientes se llevan al ser dados de alta”.

Por su parte, la doctora Guerrero señala que “uno podría especular si estos datos podrían servir para estrategias de salud pública a nivel nacional, en el sentido de que esta población de pacientes necesita de una institucionalidad para su rehabilitación, para que puedan acceder a estas prestaciones valorizadas,  que tienen por efecto finalmente que la persona se rehabilite en su calidad de vida y se reinserte a su sistema social y laboral. Esa sería la mirada ambiciosa más allá de la academia”. La enfermera Rojas agrega “es un imperativo ético saber lo que pasa con los pacientes y sus familias luego de la crisis vital que significa el paso por la UCI; sólo de esta forma podemos intervenir precoz, integral e interprofesionalmente”                 

    

 

Texto: Cecilia Valenzuela /Fotos: David Garrido