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Los nuevos becados Valentina de Gregorio, Alejandra Troncoso y el doctor Félix Urra.

Además, un investigador joven del Instituto de Ciencias Biomédicas

Dos estudiantes de la Facultad de Medicina reciben Beca Santander

Las beneficiarias son Valentina de Gregorio Torres, de la carrera de Terapia Ocupacional, quien estudiará en la Universidad Autónoma de Barcelona, y Alejandra Troncoso, de la carrera de Obstetricia y Puericultura, quien asistirá a la Universidad de Sao Paulo. Por su parte, el doctor Félix Urra materializará sus investigaciones en la Universidad de Antioquía, en Colombia.

Ricardo Banda

Realizado en Alemania:

Terapia ocupacional destaca en congreso de cirugía y terapia de mano

Ricardo Banda, profesor de esta unidad académica fue invitado al XIV Congreso de la Federación Internacional de Cirugía de Mano y XI Congreso de la Federación Internacional de Terapia de Mano. Ambos encuentros se llevaron a cabo en Alemania, entre el 17 y 21 de junio en el centro de convenciones CITY CUBE de Berlín.

Karen Basfi-fer, académica del Dpto. de Nutrición y directora de la Escuela de Nutrición

Sobre la alimentación saludable: lo que la evidencia indica

El día 27 de junio recién pasado, el diario electrónico El Mostrador publicó una columna de opinión en la que se hace referencia a la formación que entrega la Escuela de Nutrición de la de Facultad de Medicina. A continuación presentamos una columna en la que la directora de dicha unidad académica, profesora Karen Basfi-fer, expone sobre el particular.

¿Y con un tratamiento antibiótico?

¿Se puede prevenir el cáncer de estómago desde la adolescencia?

Como todos los colegas de su especialidad, la doctora Lucero “defiende” un poco la infección por Helicobacter pylori entre sus pacientes; porque, aunque se desconocen las razones, el sistema inmune de los niños reacciona de manera distinta al de los adultos frente a esta bacteria: “En ellos estimula una vía que se llama T Reguladora, que es antiinflamatoria, por lo que disminuye la frecuencia de asma y de alergias. Por eso es que no tratamos esa infección mediante el uso de antibióticos, a menos que haya presencia de úlcera”, explica.

Pero aclara: “En los niños H. pylori es parte de su flora intestinal. Estudios más recientes de microbiota muestran que los menores con presencia de esta bacteria en su sistema digestivo tienen poblaciones bacterianas distintas a las de los que no la tienen. Por lo tanto, no se sabe con precisión si el efecto beneficioso a nivel de inmunidad se debe a H. pylori en sí o a la microbiota que lo acompaña”.

En adultos, en cambio, la presencia de H. pylori en el estómago estimula las vías Th1 y Th17, proinflamatorias y agresivas, causa de lesiones y molestias que, si no son tratadas, pueden derivar en úlceras y, posteriormente, en cáncer, el cual en Chile es la primera causa de muerte en adultos. “Entonces si se piensa en estrategias para la prevención o tratamiento de esta infección, la mirada apunta a disminuir la prevalencia de cáncer gástrico”, señala la dra. Lucero.

Buena en niños, mala en adultos

¿Cuándo se produce ese cambio en la relación entre el sistema inmune y la infección por H. pylori? Esa es la pregunta que intentará responder la investigación de la doctora Yalda Lucero. “No se sabe en qué minuto de la infancia el niño empieza a comportarse, inmunológicamente hablando, como adulto. Hay una edad o estado puberal en que la infección por esta bacteria pasa de ser beneficiosa a ser perjudicial; queremos estudiar desde los ocho a los 20 años el comportamiento del sistema inmune, tanto regulador como agresivo, e ir viendo a qué edad biológica, según el estado puberal, se produce este cambio, así como analizar el comportamiento de las poblaciones bacterianas o microbiota. De esta forma determinaremos la dinámica que se da en función de la edad en todos estos parámetros.

Para ello, reclutará a pacientes de entre ocho y 20 años que, por indicación médica, deban hacerse un examen de endoscopía, para lo cual contará con la colaboración de los hospitales pediátricos Roberto del Río, Luis Calvo Mackenna y Exequiel González Cortés, así como del Hospital Padre Hurtado y Clínica Alemana.

“Nuestro objetivo es que el estudio tenga una aplicación clínica en el corto plazo; entonces, la primera aplicación sería determinar la edad a partir de la cual durante una endoscopía valga la pena ir a buscar H. pylori y tratarlo, aunque no haya lesión; de este modo, establecerlo como una indicación que hasta el momento no existe. Si el niño o adolescente no tiene úlcera ni siquiera se trata de diagnosticar la infección, porque no se piensa en el cáncer, y nuestra meta es anticiparnos a ese escenario”.

Con ese fin, seguirán varias líneas de trabajo: una es ver qué tipo de H. pylori es el que está presente, en términos de factores de virulencia. “Son proteínas que producen daño en el hospedero; dos de ellas en particular, que se llaman Cag A y Vac A, que son proinflamatorias y oncogénicas. Entonces, las bacterias que las expresan, con mayor probabilidad van a desencadenar un cáncer o una úlcera duodenal o gástrica. Por ello nos interesa ver si los H.pylori que tienen ese factor de virulencia se asocian más a inflamación o a una determinada microbiota en particular”.

En materia de respuesta inmune, buscarán en sangre y en biopsia los marcadores de respuesta T Reguladora, de Th1 y de Th17, midiendo una amplia batería de citoquinas que van a decir si esa respuesta es mayor o menor comparada con los pacientes sin infección por H. pylori.

“Y otra cosa que vamos a determinar del hospedero son marcadores oncogénicos, pues ya en la adolescencia hay estudios que demuestran que están activos, con la idea de anticiparnos a la edad en que estos marcadores comienzan a expresarse. Estos oncogenes, tales como BTG3, kalicreína o SLC5A8, son genes que permiten la aparición de cáncer ya sea mediante la sobreexpresión o a través de la subexpresión”, explica la investigadora.

La idea, dice, “es llegar a cuándo realmente vale la pena empezar a tratar a estos niños, para prevenir el cáncer; a futuro, sería muy interesante que cerca de la edad en que determinemos que se produce el cambio en el sistema inmune frente a su relación con H. pylori, todos los adolescentes pudieran hacerse un test no invasivo –de aire espirado o de deposiciones- para ver si tienen esta infección y, si es así, tratársela”. Y es que, finaliza, “el desarrollo de cáncer requiere de 30 a 40 años o incluso más; en el minuto en que se trata al paciente, se controla la infección y se corta este proceso, por lo que el riesgo de presentar esta patología disminuye”.

Infección de persona a persona

H. pylori es una bacteria que afecta aproximadamente a la mitad de la población mundial; la mayoría la porta de manera asintomática. En Chile es más frecuente que en otros países, por lo que hasta el 70%, puede portarla, sin que se conozca a cabalidad la razón de este hecho. “Aparentemente tiene que ver con hábitos culturales, posible hacinamiento, nivel socioeconómico; en la medida que se avanza en cuando a desarrollo, la tasa de esta infección disminuye”, informa la especialista.

Se adquiere de persona a persona, el contagio es intrafamiliar y se trasmite aparentemente por la saliva; y ahí está el factor de hábitos o conductas culturalmente adquiridas: “la mayoría de las infecciones –no sólo por H. pylori- que se adquieren en la infancia son desde la madre, al darle al niño el chupete previamente chupado por ella, o compartiendo un alimento con la misma cuchara”.

Su tratamiento es bastante simple: dos semanas con dos antibióticos de uso habitual, como amoxicilina, metronidazol o claritromicina, entre otros, a lo que se añade un “inhibidor de bomba”, como es el omeprazol. “El problema es que como son tres medicamentos, cada 12 horas y por quince días, se dificulta la adherencia del paciente, por lo que no erradican completamente la presencia de la bacteria”. Y, aunque el individuo sea muy riguroso en seguir al pie de la letra las indicaciones de su médico, la reinfección es posible, aunque en baja medida: “En países como el nuestro es como de un 5% al año, lo que significa que en el transcurso de cinco o 10 años uno se podría reinfectar. Por eso es que habría que rechequearse en ese plazo o, si hay molestias digestivas, un poco antes”.

Cecilia Valenzuela León/ Fotografías: David Garrido